Uncategorized

El caso de las musas perdidas.

Hola chicos, les dejo uno de los últimos relatos de literautas. La temática era que incluyera las palabras teléfono, sombrero y otra más que he olvidado.

¡Mis musas han desaparecido! Se fueron sin dejar rastro y ahora no se cómo enfrentar el desafío de literautas. Necesito meter tres palabras en un relato y no se me ocurre nada interesante que escribir.

Debería empezar por el principio. Desaparecieron la noche de año nuevo. Estaba pensando qué escribir cuando ellas aparecieron. Las dos eran bellas y al escuchar mis lamentos se apiadaron de mí y propusieron inspirarme. Me sentí el hombre más afortunado del planeta, tanto que decidí invitarlas a una ronda de chupitos. Ahí fue mi error. Talía y Calíope habían sido musas anteriormente de Hemingway y Bukowski, por lo que eran igual de borrachas que sus antiguos socios. Fue imposible seguirles el ritmo, chupaban como orilla de playa y pronto me quedé sin dinero e inconsciente en el bar.

A la mañana siguiente desperté sintiendo que un batallón desfilaba por mi cabeza. ¿Dónde están mis musas?, gritaba aún borracho. No había señales de ellas y le pregunté a todos los que quedaban en el pub sin obtener respuesta, hasta que Don Jacinto —El viejito del aseo—, me dijo que la última vez que las vio, estaban borrachas bailando arriba de las mesas, luego se durmieron y un hombre que dijo ser el padre de ellas las subió a una camioneta con vidrios polarizados. Sólo un papel arrugado en el que decía “primera palabra” era mi única pista para encontrarlas.

Entré en desesperación, mis musas fueron raptadas y sólo quedaban unos pocos días para entregar mi texto. Recorrí las calles durante días con la esperanza de hallar pistas que me condujeran a su paradero, pero sólo me topaba con las frases cursis que el grupo “Acción poética” dejaba en las paredes. Ustedes saben, cosas tales como “Estamos en el mundo para repetir el ciclo”, “En un poco de ti está todo”, “el puerto de las oportunidades a veces te ofrece un barco” y otras pelotudeces de ese estilo. Miré otra vez el papel que dejaron mis musas sin comprender la pista. ¿Qué significará “primera palabra”?.

De pronto pude ver todo más claro. ¿Cómo pude ser tan tonto? La respuesta estuvo frente a mis narices todo el tiempo. El papel tenía la misma tipografía de las frases en las paredes. Las ordené y obtuve “ESTAMOS- EN- EL PUERTO”.

Al fin los malditos pagarían por raptarlas. Cogí mi equipo de infiltración y mi teléfono y apuré el paso hacia el puerto. Un galpón tenía las luces encendidas pese al abandono que evidenciaba por fuera. Me escabullí en silencio y vi algo horrible por la ventana.

Ahí estaban mis musas, y no solo eso. Cinco más estaban en una jaula, sedadas, mientras un batallón de mecanógrafos escribía los textos que ellas les dictaban, vigilados de cerca por un hombre enmascarado.

Irrumpí rompiendo la ventana, provocando una estampida de los escribanos. Sólo el hombre de la máscara fue a mi encuentro dispuesto a frenarme.

Fue una dura pelea, apenas podía esquivar sus golpes. Parecía un profesional. La pelea habría sido eterna si no fuera porque sacó un arma y me apuntó con ella.

—Se acabó el juego— me dijo—. No es nada personal, pero nadie debe saber de este negocio.

Vi pasar mi vida ante mis ojos, estaba resignado para afrontar mi destino…

Un balazo abatió al hombre enmascarado. No pude contener mi alegría al ver que un detective (hasta sombrero estilo Dick Tracy llevaba) ingresó al galpón con todo un equipo  de fuerzas especiales para reducir a los delincuentes que no tardaron en rendirse.

Una vez que todo volvió a la calma, el jefe de la operación se dirigió hacia mí:

— Señor Valenzuela, soy Conrad Donovan, de la policía literaria. Gracias a usted pudimos desbaratar a esta banda dedicada al tráfico de inspiración. Como puede ver, al tener a las musas drogadas y en condiciones infrahumanas, lo único que podían producir eran libros de autoayuda y mala literatura.

Ellos fueron los culpables del éxito de “Pablo Cohecho” y de la aparición de las “cincuenta sombras de Frei” y la saga de vampiros que brillan. También incursionaron en la música con “Ricardo Arjana”. Es usted un héroe…

Días después de tan intensa aventura mis musas volvieron a casa aún afectadas por lo sucedido. Estaba feliz por verlas libres, pero mi mayor problema ahora era mi participación en literautas.

— Quedan doce horas para entregar el relato y no tengo nada— les dije.

— ¿Por qué no escribes la historia del secuestro?

Y al final, eso fue lo que hice.

Advertisements

2 thoughts on “El caso de las musas perdidas.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s