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La maldición

Hola a todos. Para este mes, literautas propuso como desafío hacer un relato sin la letra T y que lleve por título “La maldición”.

Esto fue lo que salió:

Hola amigo: si lees lo que acabo de escribir significa que aún vives. Debo explicar con claridad mi misión, es de suma urgencia poner sobre aviso al mayor número posible de personas acerca de la maldición del desafío mensual.

Llevo siglos eliminando fuerzas oscuras y he presenciado con mis propios ojos cosas que a cualquiera paralizarían de miedo, sin embargo debo arriesgar mi propia vida con el fin de salvarlos de la oscuridad.

En los inicios de la humanidad éramos sólo doce los encargados  de salvar al mundo del mal. Mis compañeros, Marcos, Lucas y Juan por medio de libros lograron a medias cumplir la misión. Sé que no nombré a uno, lo hago a conciencia, porque de escribir su nombre la perdición caerá sobre mí. Los libros de mis compañeros eran buenos, pero sabía que no era un plan infalible, así que yo, Judas, el prohibido, el inmundo a los ojos de los hombres, me vi obligado a realizar la orden de mi guía Jesús en el mundo de las sombras.

Llevo así más de mil años. Donde muchos han fracasado, yo sigo en pie. He presenciado como mueren varios de mis camaradas. Es por eso que lo que diré ahora es confidencial.

Llegué a la página en la que escribes hace dos años, parecía una página como cualquiera de las que abundan en la red, pero escondía algo macabro. Fue en el desafío del mes de Mayo cuando descubrí el peligro.

Llevaba conversando con personas de muchos rincones del mundo que abrazábamos la misma pasión por los libros y por escribir. Un día apareció publicado el desafío, parecía sencillo, al igual que ahora, había que hacer una narración sin la “R”, algo inofensivo para quienes concurríamos mes a mes para narrar lo que nacía de la imaginación de cada uno. Casi la mayoría de los que éramos asiduos a la página cumplimos el desafío, a excepción de cinco. Desde ese día nunca más los vimos en línea. Como si fuera magia, Alonso, Mori, Fernando, José y Moncho desaparecieron sin dejar huella por el foro.

Algo raro sucedía con ellos y debía averiguarlo.

Apliqué un programa de búsqueda avanzado y con horror descubrí lo peor. Cinco personas fueron halladas sin vida en ciudades como Buenos Aires, Madrid, Lima, Juárez y Valparaíso, las mismas de las que provenían mis amigos del grupo. Los fallecidos no solo eran asiduos a los libros. Según sus familias, en declaraciones con la prensa y la policía, hace poco habían ingresado a un lugar en la red donde podían  escribir y publicar sus primeras narraciones.

¿Cómo nadie reparó en la conexión? El mal ahora se escondía en lo más profundo de la lengua española. ¿Cómo pueden ser capaces de ensuciar con sus maldiciones lo más hermoso de la palabra? Es mi misión prevenirlos, y si más personas mueren será mi carga para siempre.

Por eso cuando vi el desafío mensual de Abril en la web de li… (Maldición casi caigo, me he salvado por poco)  la sangre se me heló. Era demasiado el sarcasmo —o crueldad— en lo que veía.

Bien jugado, e irónico por lo demás usar “la maldición” sin ninguna clase de eufemismos, y qué mejor para ello que prohibir al único miembro del abecedario que posee forma de cruz. La guerra al fin fue declarada, ya no requieren esconderse, porque saben que nos veremos en la pelea final.

Si decides jugar el juego, debes saber que nos esperan dos opciones: La gloria en el mundo de las novelas o morir sin más. Es peligroso, y el precio a pagar es el mayor que cualquiera puede imaginar. Debemos ser precavidos y usar las palabras con sabiduría. Ellos esperan que caigas para llenar el abismo con las almas de quienes no lo logran. Por eso juego una vez más. No quiero ver a mis compañeros caer de nuevo, no ahora.

Cuidado mi buen amigo, si avanzas y decides ingresar al mundo que describo, lo mejor y lo peor de cada uno puede aflorar desde lo más profundo de los recovecos de la psiquis humana.

La lucha sin fin que han llevado por milenios el bien y el mal ingresó a su fase final. Ellos lo saben y debemos escoger bando. La clave para la salvación —y caída— descansa en la página que lees con regularidad.

Lo único que puedo decir como consejo es que confíen…

Ojalá los dioses nos guíen por buen camino…

Sólo espero que alguno nos escuche…

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2 thoughts on “La maldición

  1. Sigo viva (a pesar de la maldición) y cada vez que leo tu ejercicio, más me gusta. Enhorabuena por este trabajo de ingenio que ha conseguido arrancarnos una sonrisa y creado un poco de pánico entre los autores del taller. jajaja.

  2. EsTas cosas se avisan con Tiempo, para poder replanTearTe el TexTo que envías y así no fasTidiarla y no morir de forma Terrible y absurda… mira absurda no Tiene T… ¡maldiTa sea!
    jajaja

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