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Post mortem

catalepsia


 

Luego de la oscuridad, el ruido de mis propios gases me despertó.

Hace tres días morí en un accidente, hace unas horas me enterraron y ahora despierto en mi tumba sin entender lo que sucede.

No crean que se trata de un caso de catalepsia, el día de mi muerte vi, con horror, como un fierro atravesaba mi pecho, me desangré lentamente sintiendo como mi vida se escapaba sin contemplaciones, solo esperaba la vida eterna, nunca fue mejor dicho ese concepto.

No puedo moverme, mi vista se ha acostumbrado a esa oscuridad. Pese a que las sombras gobiernan los dos metros cuadrados que ahora son todo mi mundo, puedo distinguir alguna silueta; mi silueta.

El dolor se vuelve insoportable. Siento a las hordas de gusanos que invaden mi cuerpo. Se abren paso, carcomen mi piel, mi carne, desgarran todo de forma lenta y metódica. Son un ejército disciplinado que tienen como misión comer mi carne.

Saben que no me moveré de ahí y se toman su tiempo. Mis pensamientos se interrumpen, una punzada martilla mi cerebro. Quiero cerrar los ojos para aliviar en parte la sensación. Algo explota y un líquido viscoso recorre mi cara. Duele como el infierno, los gusanos por fin salieron desde mis ojos dejando una cuenca vacía. .

El sufrimiento se hace insoportable, no puedo gritar, no puedo rascarme, no puedo parar esta tortura. Pienso en los millones de cadáveres que todos los años se depositan en nuestro mundo. Imagino a los cuerpos abandonados en los bosques, devorados por las bestias, sintiendo el dolor de ser comido por esas fauces implacables. Mis pensamientos viajan a los hielos eternos, en donde otros como yo quedan perdidos para siempre, sintiendo el frío glacial. O tal vez soy el único que vive esta agonía. ¿Es esta la vida después de la muerte que tanto habla la biblia?

Pierdo la noción del tiempo. ¿Meses? ¿Años? Ya no importa, solo el deterioro de mi cuerpo me da una idea aproximada de cuanto ha pasado.

Los gusanos se fueron hace bastante. Ahora los escarabajos roen mi carne ya seca; Algunos de mis huesos se rompen y siento su crujir con el dolor punzante que se mantendrá hasta que el hueso desaparezca.

Así ha sido mi vida después de la muerte. Sin nubes y ángeles adorando a un dios bondadoso; sin vírgenes que pueda disfrutar. Todo es mentira. Lo único que he recibido es una sucesión de dolores que se van superponiendo y que nada ni nadie puede calmar.

El dolor va desapareciendo de a poco. Siento la levedad de lo que queda de mi cuerpo. Tengo una esperanza. Es pequeña; aún así me aferro a ella como un naufrago a un madero.

Es probable que la agonía se acabe pronto. Solo espero ansioso que todo rastro de mi existencia desaparezca por completo. Que los pocos huesos y pellejos que me quedan, se conviertan en polvo para siempre. Tal vez así por fin deje de sentir dolor.

Lo que ocurra después me tiene sin cuidado. Si existe un infierno, creo que no se compara con lo que he vivido…

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